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De Curitiba a Atacama con la Ford Ranger

22 de julio de 2026

Viajar en auto siempre es un buen plan. Mejor dicho, viajar en auto para quienes disfrutan de conducir, es un lujo. Mi nombre es Antonio Carlos Silva, soy periodista especializado en Brasil y acabo de hacer un viaje de más de 6.000 kilómetros, desde Curitiba, en Paraná, hasta San Pedro de Atacama, en el desierto chileno, pasando por el Chaco argentino y por la Cordillera de los Andes. Viajé con una Ford Ranger Limited, la versión tope de gama. Mi copiloto y compañera de viaje fue mi esposa, Christiana.

Fueron quince días de viaje por rutas brasileñas, argentinas y chilenas. Todas en buen estado, pero que exigen mucho cuidado, ya que las rutas argentinas están llenas de motos. Nunca vi tantas juntas, circulando por las rutas y compartiendo espacio con autos y camiones.

Al viajar en auto hacia el Desierto de Atacama, conviene dividir los trayectos, tanto de ida como de vuelta, en tres o cuatro días para poder hacer un viaje tranquilo, sin apuros, y disfrutar de los paisajes que van pasando, que son infinitos y hermosos.

El primer tramo fue de Curitiba a Barracão, ciudad del oeste de Paraná ubicada en el límite entre Santa Catarina (Dionísio Cerqueira) y Argentina (Bernardo de Irigoyen). Fueron aproximadamente 600 kilómetros por las buenas y bien conservadas rutas de Paraná. Al llegar a Barracão, el pavimento de la ruta ya no era tan bueno como hasta ese punto, aun así, seguimos con la comodidad que nos garantizó la Ranger.

Después de una noche de descanso, al día siguiente, muy temprano, partimos hacia Argentina, cruzando la frontera por Bernardo de Irigoyen. Es importante recordar el seguro Carta Verde (Certificado Internacional de Seguro — CIS) y los elementos obligatorios, que pueden variar según el país. En Argentina, por ejemplo, se exigen matafuego, dos chalecos reflectantes, triángulo de seguridad y botiquín de primeros auxilios.

Desde la frontera con Argentina, seguimos viaje hasta la pequeña ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña, ubicada después de la hermosa ciudad de Corrientes, a orillas del Río Paraná, y de Resistencia. Fueron aproximadamente 700 kilómetros hasta allí por rutas muy bien conservadas y señalizadas.

En Corrientes, luego de atravesar un bello puente atirantado sobre el Río Paraná, entramos en el Chaco argentino, una región de largas rectas con poca infraestructura que nos llevaría hasta el pie de la Cordillera de los Andes.

Durante todo el tramo recorrido por Argentina pudimos disfrutar la ruta, la camioneta y los paisajes. El Chaco no es un desierto, pero es una región poco poblada y, de vez en cuando, aparece un pequeño pueblo en el camino.

El trayecto por el Chaco debe hacerse con planificación. Si el auto tiene poca autonomía, conviene tomar precauciones, ya que hay pocas estaciones de servicio y pueden estar sin combustible cuando lo necesites. Esto le sucedió a un grupo de motociclistas del interior de San Pablo que encontré en el camino y que estaba pasando por un gran apuro.

Se arriesgaron a tomar la ruta que atraviesa el Chaco y no encontraron nafta en el camino. La única estación por la que pasaron tenía los tanques vacíos. Pero, después del susto, consiguieron el combustible. Los motociclistas suelen tomar otra ruta, por Santiago del Estero, Termas de Río Hondo y Cafayate, que es una región más habitada y con más recursos.

Nosotros fuimos por el Chaco, donde la aventura es mayor y también porque nuestra Ford Ranger, nos dio una autonomía de 800 kilómetros, más que suficiente para atravesar el trayecto con tranquilidad.

En estas rutas rectas, algunas de más de 100 kilómetros, el viaje se vuelve un poco monótono, pero perfecto para probar el ADAS de la Ford Ranger Limited, con el uso del Control de Velocidad Crucero Adaptativo (ACC) y el Sistema de Mantenimiento de Carril. En la mayoría de los tramos, la velocidad máxima era de 110 km/h. Bastaba programar el ACC a esa velocidad, mantener las manos en el volante y disfrutar del paisaje: la Ranger aceleraba, frenaba y se mantenía sola dentro del carril. No se trata de un vehículo autónomo, pero sí de una ayuda que brinda tranquilidad y relajación al conducir.

En el tercer día de viaje, nos levantamos temprano y seguimos adelante por el Chaco hasta la hermosa ciudad histórica de Salta, ya a los pies de la Cordillera de los Andes. Fueron aproximadamente 800 kilómetros con la comodidad de la Ranger, con mucha fuerza para superar tramos más exigentes, como la subida de la cordillera hasta casi 4.500 metros de altitud, en el límite con Chile.

En Salta nos quedamos dos días para conocer la ciudad, disfrutar de su buena gastronomía y de sus hermosas plazas, y también para aclimatarnos, porque, a partir de ahí, enfrentaríamos el tramo más exigente del camino, pero a cambio, también el más lindo.

Desde Salta, salimos muy temprano para aprovechar las rutas sinuosas de la región, explorando siempre al máximo la seguridad de la Ranger en el trayecto. Seguimos por una antigua ruta, más turística, hasta cerca de la ciudad de San Salvador de Jujuy, donde comienza la Cordillera de los Andes. Son rutas hermosas que bordean ríos que, en la época del viaje, estaban secos, ya que solo se llenan cuando se derrite la nieve de la cordillera.

La mayor sorpresa en este tramo fue el pequeño pueblo de Purmamarca, todo construido en adobe (una especie de ladrillo de barro típico de la región), donde se encuentra el Cerro de los Siete Colores, una montaña que, con la incidencia del sol, muestra toda la belleza de su colorido. El pueblo vive de la artesanía andina y siempre está lleno de turistas.

Partimos de Purmamarca hacia la cima de la cordillera, en el Paso de Jama, que divide Argentina y Chile, pero antes pasamos por paisajes hermosos, como el de Salinas Grandes, un verdadero desierto de sal (donde hay extracción industrial) muy frecuentado por turistas de todo el mundo.

Saliendo de Salinas Grandes, algunas horas después, pasando por rutas en zigzag y curvas cerradas cuesta arriba en la cordillera, llegamos al Paso de Jama, la frontera con Chile, ya al final de la tarde. Este paso funciona de 8 a 18 horas, por lo que es importante organizarse para no quedar varado fuera de ese horario. De ahí en adelante, empezamos a bajar la cordillera, ya en Chile, hasta San Pedro de Atacama. Fueron dos horas de viaje por una ruta de un solo carril en cada sentido, pero con pavimento y señalización impecables.

Llegamos a San Pedro de Atacama, una pequeña ciudad en medio del desierto más alto y árido del mundo, pero muy animada y llena de turistas. Ya era la hora de cenar y, desde el primer día, notamos que la gastronomía del lugar era muy interesante.

Fuimos a todas las atracciones del desierto con nuestra Ranger. Las principales son el Valle de la Muerte y el Valle de la Luna, uno frente al otro. A poco más de cien kilómetros del pueblo se encuentran las Lagunas Altiplánicas, a más de 4.000 metros de altitud. Esto no fue ningún problema, para la Ranger que llegó a subir sin problemas hasta los 5.900 metros.

El Desierto de Atacama está formado en gran parte por sal, y muchas de sus rutas tienen directamente piso de sal. Una de esas rutas es la que conecta San Pedro con los Géiseres del Tatio, que son vapores de agua que salen del suelo y alcanzan varios metros de altura. Pero, para ver este fenómeno maravilloso, hay que levantarse temprano, ya que la mayor actividad de los géiseres ocurre entre las siete y las ocho de la mañana.

Para lograrlo, hay que salir de la ciudad a las cinco de la mañana y recorrer un tramo de más de 100 kilómetros. Al llegar, el turista se encuentra con temperaturas de hasta -10 °C. Y, una vez más, ahí estaba la Ford Ranger, lista para todo.

Después de vivir esta experiencia, recomiendo ir al Atacama en auto. Esto permite explorar mucho más la belleza del lugar, a tu propio ritmo, tiempo y gusto. Solo en el Atacama, entre ir y volver de la ciudad hacia las atracciones, recorrimos 800 kilómetros en cinco días. En total, fueron cuatro días y tres noches más de regreso a Curitiba.

Algunas paradas, muchas compras, y todo se acomodó perfectamente en la camioneta, que incluso dejó espacio de sobra en su caja de 1.250 litros de capacidad. Con un auto confiable, robusto y seguro a tu lado, solo queda confiar en vos mismo y animarte a vivir esta aventura.

Antonio Carlos Silva es periodista especializado en el sector automotor con más de 30 años de experiencia.